Una teatrera dicharachera


La farándula ya no es lo que era. La verdad es que la fauna y flora farandulera es cada día más normalita, más formal, menos estridente. Esa fama que la precedía está en sus horas más bajas. Menos mal que aún quedan personajes fantásticos que la llenan de color. La farándula necesita dosis de alegría y buen rollo.

Uno de esos personajes maravillosos es una teatrera dicharachera, con un corazón enorme, con don de gentes y, sobre todo, con una manera de ver la vida distinta, de entenderla de forma diferente, de sentirla con otra piel y de disfrutarla con los demás en su máxima expresión. Con una pasión, el teatro, y con una vocación particular, la gente, nuestra protagonista estira las horas del día y de la noche todo lo que puede. Incluso cuenta con una calle en su honor, en su ciudad, muy cerca del Paseo Zorrilla de Valladolid; se trata de la calle Recoletas, santo y seña.

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¿Es de reír?


La programación es reflexión. Fundamentalmente reflexión. Programar no consiste en rellenar un calendario. Las programaciones que no son fruto de la reflexión son programaciones que no funcionan en sí mismas porque adolecen de un fin definido. ¿Qué es lo que las artes escénicas deben aportar a la sociedad?, ¿por qué se presenta una programación y no otra?, ¿qué buscamos cuando presentamos la programación de un semestre?, ¿por qué las artes escénicas se nos antojan imprescindibles en la sociedad actual?. Seguir leyendo