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Abe / 2016

Como una extraña, Rachel Abbott

Autorea: juaninger

Como una extraña, Rachel AbbotComo una extraña, Rachel Abbott
Siruela, 2016
332 orrialde, 21,95 €, ebook 9,99 €
ISBN 9788416854158

Post hau gaztelaniaz dago.

Cada cierto tiempo circula el rumor de la existencia de nuevos datos sobre aquel niño desaparecido casi por arte de magia, ya sea en un campamento de verano, en un parque o en un accidente de tráfico. A todos nos vienen a la memoria casos de menores desaparecidos que no tuvieron resolución y que, como el Guadiana, nutren a los medios cada cierto tiempo de historias sin resolver con cierto aire a Expediente X.

Rachel Abbott toma como base de su novela una desaparición “típica”: la menor iba con su madre en el coche, éste vuelca en la carretera y la pequeña se volatiliza. Nadie sabe nada, nadie ha visto nada… sólo queda un viudo desolado lleno de preguntas.
Sin embargo, para disfrute de los lectores, Abbott da varios giros a este suceso en principio banal: la aparición seis años después de un cadáver que puede ser el de la niña, al que se suma otra que se presenta en el domicilio familiar y dice ser la pequeña Natasha…y todo ello causando el efecto de un huracán en la vida de David, que había reordenado  su vida al abrigo de Emma y su bebé.

No hace falta ser un lince para darse cuenta de la cantidad de problemas que van a surgir: de identificación, de preguntas sin respuesta, de aclimatación a una familia nueva…¿cómo recuperar seis años en un suspiro?¿Se trata realmente de Natasha?¿Dónde estuvo todo este tiempo?¿Podrá Emma acogerla como una más de la familia?

Pero nuestra imaginación se queda un poco corta: el tsunami que azotará la tranquila vida de los Joseph será realmente devastador, haciendo aflorar toda una red de mentiras que pondrá en peligro la supervivencia de sus miembros. Conoceremos en profundidad a cada uno de ellos y cómo enfrentan otro secuestro -sí señores, un segundo secuestro- en su propio hogar.

Creemos conocer a los que nos rodean…pero las sorpresas son parte de la vida y, en este caso, marcarán a los Joseph para siempre. Menos mal que nuestro papel es de meros espectadores…

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