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Aza / 2017

Volver a casa, Yaa Gyasi

Autorea: juaninger

Volver a casa, Yaa GyasiVolver a casa, Yaa Gyasi
Salamandra, 2017
379 páginas, 19 €, e-book 12,99€
ISBN 9788498387971

Post hau gaztelaniaz dago.

De entrada he de confesar que no las tenía todas conmigo al seleccionar esta novela: ¿Una opera prima que pretende acercarnos a la historia de África y de Norteamérica desde el siglo XVIII hasta el presente? ¿Y lo hace a través de una saga familiar?… puf,puf,puf…suena a rollo macabeo, a folletín con tintes reivindicativos, a miniserie lacrimógena de sobremesa.

Pero al final, la curiosidad es mi mejor aliada y me alegro de haberle hincado el diente a esta novela: para nada es un relato en plan Raices, tampoco es un folletín y los dramas o las historias tan terribles que cuenta no encajan, fluyen.

Yaa Gyasi nos embarca en una travesía de ida y vuelta: la que lleva a una rama del árbol (Esi Asare) desde Ghana al continente americano, como parte del flujo de hombres y mujeres que, esclavos, lo poblarían.
La otra rama,(la de Effia) permanecerá en Ghana y seguiremos sus andanzas a través del tiempo (el sometimiento al colonizador, la participación activa en la trata, la lucha entre diferentes clanes, la dura tarea de sobrevivir, el papel de la mujer en una sociedad que a la vez la considera núcleo central y a la vez la sojuzga…)
Una travesía encarnada en los diferentes miembros de la familia de estas hermanas de sangre, lo que les sucede, lo que sufren, descritos de una manera un tanto fría, distante, sin entrar en valoraciones morales, que, por ello mismo, cobran una fuerza y un valor excepcional.

La acción -que comienza en la puerta de salida de la fortaleza en Ghana, esa que convierte realmente en esclavos a los hasta ahora hombres libres, “la puerta sin retorno”- se centra claramente en la crueldad de este negocio, pero poniendo nombres y apellidos a los sujetos, de manera que nos identifiquemos con ellos.
Yaa Gyasi tampoco oculta que eran los mismos pobladores quienes cazaban a miembros de otras tribus y los vendían al colonizador. El comercio de esclavos se convertía en una forma de sumisión completa: los vendedores y los vendidos perdían toda su dignidad, su orgullo como pueblo.

En las siguientes olas -cada capítulo se acerca a un miembro de la familia alternando Ghana y EEUU- navegaremos por el desarraigo, el recuerdo de los cuentos de las madres y abuelas, de las huidas, los abandonos, el fiasco que supuso la Guerra de Secesión, el acceso a la escolarización, la lucha por los derechos civiles, el jazz, la heroína…
Y en esas olas no se olvida de las cuentistas, de las hacedoras, de aquellas que fueron vendidas, maltratadas… pero que mantuvieron viva la tradición oral de sus diferentes etnias.
Y esas olas confluirán -en la figura de Akua Collins, la loca- en la playa, en esa playa última visión para los pobres seres que partían hacia el horror.

Termino con una recomendación -tener bien cerca el árbol genealógico que aparece al comienzo del libro garantiza un mayor disfrute de la lectura- y una cita del mismo:
“Los que han sido cautivos no lo olvidan, aunque sean libres de nuevo” (p.306)

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