La anarquista

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Manuel Chiapuso en su libro Los anarquistas y la guerra en Euskadi. La comuna de San Sebastián interroga a Angel Jiménez, el socialista, sobre la pérdida de San Sebastián en la Guerra Civil del 36:

“-¿Crees que si conquistamos de nuevo la capital, el conservadurismo bilbaíno va a permitir la revolución socialista? ¿Es que estáis o no contra la revolución? ¿O es que nos tenéis miedo vosotros también? Los comunistas no nos quieren porque vamos demasiado adelante, porque construimos la verdadera revolución, la del pueblo y no la de un partido. Mira en Cataluña, hemos dado beligerancia a todos los partidos y organizaciones pese a nuestra aplastante mayoría. ¿Por qué? Porque todos pertenecemos al pueblo y este debe ser el gran vencedor de la contienda. Todo lo demás es ir en contra de la gran corriente del siglo. El capitalismo vasco camparía de nuevo con sus injusticias y privilegios de clase. No olvides que en Bilbao no se ha modificado nada. Todo sigue igual.”

Esta breve cita es una muestra condensada del pensamiento libertario en una situación límite como fue la defensa de San Sebastián durante la Guerra Civil. La generosidad de la utilización de las mayorías, pensar en el pueblo y en la lucha de clases (parecía olvidada) e ir por delante de los tiempos en los planteamientos sociales, económicos y políticos.

Hace unos días pude disfrutar en Madrid, en la sala pequeña del Teatro Español, de La anarquista. La última función del polifacético David Mamet (Chicago, 1947). Función estrenada al unísono en Nueva York y Madrid.

La anarquista está basada en la historia real de Judith Clarc, activista de izquierda radical del movimiento estadounidense denominado Los Weatherman que a finales de los años 60 pusieron bombas en el Capitolio y en el Pentágono (sin víctimas) o realizaron asaltos a bancos y a comisarías de policía. Luchaban por los derechos civiles y en contra de la Guerra del Vietnam.

Magüi Mira da vida al personaje de la anarquista y Ana Wagener a la funcionaria de prisiones. La anarquista estaría ya en libertad si no fuera por la naturaleza de su condena. La función presenta la entrevista clave con la funcionaria de prisiones por la que la anarquista se juega su libertad condicional. Es un “tour de force” entre dos magníficas actrices, que estratégicamente van moviendo sus fichas como en una partida de ajedrez que no puede acabar en tablas. Ana Wagener realiza una impecable interpretación entre la firmeza de su cargo, sus sentimientos por tantos años de convivencia entre ambas y sus debilidades personales sobre el sentido de su vida. Magüi Mira por su parte defiende, con la altura a que nos tiene acostumbrados, un personaje astuto, inteligente, íntegro y fuerte. Personaje que ha aprovechado la cárcel para crecer intelectualmente.
La funcionaria de prisiones se debate entre el cumplimiento de su deber y su propia autocrítica. ¿Debe seguir defendiendo fielmente las pautas de un Estado vengativo y cruel? ¿Debe seguir defendiendo un sistema carcelario que se olvida de la reinserción y es exclusivamente punitivo? ¿Debe ser fiel cumplidora de un Estado que se salta sus propias leyes en multitud de ocasiones?

La anarquista utiliza el engaño en un primer momento (¿quién no lo haría después de 35 años en prisión?) pero después cambia la estrategia e intenta buscar la contradicción en su contraria. Demuestra su frescura intelectual y entereza ideológica. La anarquista es un personaje de una dignidad humana tremenda. Íntegra a pesar de saber que se la está jugando si sigue sin delatar a su compañera ante las preguntas insistentes y repetidas de la funcionaria. Asume sus errores. Ya los ha pagado con creces pero su vida depende de la decisión de una persona que se debate en una incertidumbre notable.

El público aplaudió con fuerza y valoró el planteamiento de Mamet con la objetividad que produce la lejanía de los hechos. La búsqueda de la objetividad y el sentido de la justicia también son valores libertarios.

La Anarquista. Artículo publicado en Artezblai el 6 de marzo de 2013.

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