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Eka / 2013

La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero

Autorea: ainhoa

Liburuaren azalaRosa Montero
La ridícula idea de no volver a verte
Seix Barral, 2013
237 orrialde 18 €
ISBN 9788432215483

 

Post hau gaztelaniaz jaso da.

Si hay una mujer influyente en la historia, se trata de Marie Curie. Descubrió el polonio y el radio y midió la radiactividad. Ha sido la primera persona ganadora de dos premios Nobel y la primera mujer profesora en la Universidad de París.
Tras la repentina muerte de su marido Pierre en un brutal accidente escribió un diario, el texto va incluido al final del libro. Cuando Rosa Montero lo leyó, sintió que la historia de esa mujer fascinante que se enfrentó a su época le llenaba la cabeza de ideas y emociones. Su historia sirve de hilo conductor para que nos cuente la vida de esa increíble mujer, en una tiempos muy difíciles para el sexo femenino, y nos hable no sólo del enorme esfuerzo que supuso llevar a cabo sus investigaciones, sino también de su vida personal, del amor hacia su marido, del dolor que le supuso su pérdida, de los efectos que tuvo sobre ella la radiación, de cómo sobrevivió, de sus hijas, de su lucha en la Primera Guerra Mundial, de su muerte.
Al mismo tiempo entremezclando la historia de Marie Curie con la suya propia, Rosa Montero, reflexiona sobre la muerte, y nos habla de su dolor, de su pérdida, de su amor, de esa idea ridícula, que nadie asume, que puede llegar el día que no volvamos a ver a la persona amada. Pero también habla de la creación, de la construcción de una novela, del proceso de creación que al final tiene tanto que ver con la propia vida: “hallar sentido en el relato de una vida es un acto de creación”. De construir nuestra vida, nuestra verdad, asumir quiénes somos y construir “una narración convincente y redonda”.
Pero sobre todo es un mensaje de esperanza resumida en una felicitación que Marie Curie envió a su hija, poco antes de morir: “Os deseo un año de salud, de satisfacciones, de buen trabajo, un año durante el cual tengáis cada día el gusto de vivir, sin esperar que los días hayan tenido que pasar para encontrar su satisfacción y sin tener necesidad de poner esperanzas de felicidad en los días que hayan de venir. Cuanto más se envejece, más se siente que saber gozar del presente es un don precioso, comparable a un estado de gracia.” ¡Esto sí que es un buen deseo!

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