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Ots / 2015

La expedición 1. El león de Nubia, Richard Marazano

Autorea: rubenvidal

La Expedición

La expedición 1: El león de Nubia
Richard Marazano y Marcelo Frusin
Diábolo, 2012
59 orrialde, 15,95 €
ISBN 9788415153443

Post hau gaztelaniaz idatzi da.

La expedición 1: El león de Nubia o, por así decirlo, El imperio romano en las minas del rey Salomón. Este subtítulo, sacado de la manga, bien podría describir lo que nos relata este atractivo cómic, primero de cuatro tomos. Es decir, las correrías de un grupo de legionarios que desertan de su destacamento en Egipto para adentrarse en el continente negro en busca de desconocidas civilizaciones. Pero sobre todo de la viruta o, más finamente, de fabulosos tesoros (que a los romanos también les gustaba el vil metal).

De entrada, el tema, si bien no descubre la sopa de ajo, suena apasionante. De hecho, el mismo Valerio Manfredi hizo algo parecido en El imperio de los dragones, enviando a otro legionario a la China del siglo III, y aunque el invento le quedó algo marciano, no dejaba de ser entretenido. En el caso que nos ocupa, el invento queda muy terráqueo. Si me pongo un poco divino, el inicio de la odisea tal vez chirríe un poco. La excusa del guionista Richard Marazano para meternos en semejante embolado a lo mejor hay que cojerla con pinzas. Y el casting para reclutar voluntarios en tres viñetas queda pelín atropellado. Pero oiga, como todo buen macguffin, eso es lo de menos y lo atractivo en sí son las mil peripecias que vienen después.

 Lo que sí me entusiasma, y además en grado sumo, es el apartado gráfico. Aquí tenemos al argentino Marcelo Frusin dibujando y coloreando acción y trepidantes aventuras que es un primor, con poco que envidiar a otros genios del género. Atención que tiene un punto gore, aunque con taparse los ojos cuando sea menester ya vale.

 Pero sobre todo, lo que encumbra esta primera parte a los altares de Júpiter Olímpico es que tanto el guionista como el ilustrador logran muy bien el tono ominoso que envuelve toda la lectura. Ese adentrarse en lo desconocido con todos los peligros del mundo acechando y por acechar le ponen a uno los pelos del cogote a punto de caramelo. Como sólo H. R. Haggard es capaz de transmitir. Quedo, pues, a la espera de la segunda parte. Ya os contaré.

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