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Dic / 2015

La biblioteca como paraíso

Autor: arantza

Treinta escritores que fueron bibliotecarios

Muchos grandes escritores a lo largo de la historia han sido directores de bibliotecas. Ser director de la Biblioteca Real, o director de la Biblioteca Nacional era a veces un premio para el escritor ya consagrado. Otras veces trabajar como bibliotecario era necesario para vivir. De la escritura no ha sido fácil vivir, ni antes, ni ahora.

Angel Esteban, catedrático de literatura hispanoamericana en la Universidad de Granada,  titula su libro “El escritor en su paraíso” y en él nos acerca a la faceta bibliotecaria de treinta grandes escritores.  Para un escritor sobre todo en épocas pasadas trabajar en la biblioteca era estar casi en el paraíso. Muchos de ellos utilizaban el trabajo para convertirse en escritores y leían mucho. De ahí nos viene el sambenito a las bibliotecarias actuales, ya que la sociedad en general cree que utilizamos el trabajo para leer.

Alguno de los escritores bibliotecarios tenían vocación y además de escribir, organizaron los sistemas bibliotecarios de sus países, elaboraron catálogos, impulsaron la creación de bibliotecas, participaron en charlas y tertulias literarias, redactaron bibliografías, completaron las colecciones comprando libros, fueron gestores…  Otros se dedicaron  sobre todo a desarrollar su faceta de escritor, pero todos ellos desde luego fueron grandes lectores y apasionados de los libros.

¿Quiénes son los escritores seleccionados por Angel Esteban?

De Estados Unidos, un único seleccionado. Del país dónde nace la biblioteca pública, tenemos a Stephen King. Antes del éxito como escritor Stephen King tuvo que trabajar para poder ir a la Universidad y fue bibliotecario en la Universidad de Maine.

De América del Sur tenemos muchos grandes escritores que fueron directores de sus Bibliotecas Nacionales:  Reinaldo Arenas, bibliotecario en Cuba;  José Vasconcelos creador e impulsor de la Biblioteca Nacional de México, que lleva su nombre en la actualidad ;  Jorge Luis Borges y Paul Groussac fueron directores  de la Biblioteca Nacional de Argentina; Rubén Darío trabajó un tiempo en la biblioteca  Nacional de Managua ;  Mario Vargas Llosa, bibliotecario en el Club Nacional de Lima;  Martín Luis Gúzman revolucionario y bibliotecario en México;  Juan Carlos Onetti, director de bibliotecas en la división de Artes y Letras de la Intendencia municipal de Montevideo, además cuando se exilió utilizó mucho las bibliotecas públicas madrileñas, y  por último Ricardo Palma director de la Biblioteca Nacional de Perú. Recibió el apelativo del bibliotecario mendigo ya que utilizó su prestigio literario para pedir dinero para la biblioteca a distintas personalidades. Todos ellos hacen suya la frase de Borges “Uno no es por lo que escribe, sino por lo que ha leido”

De Inglaterra tenemos nada menos que a Lewis Carroll,  el autor de Alicia en el país de las maravillas y a Robert Burton uno de los escritores que utilizaba su puesto de trabajo para leer todo lo que caía en sus manos.

De Italia nada menos que a Giacomo Casanova. Todos sabemos que sedujo a muchas mujeres. En el libro dice exactamente que a ciento veintidos mujeres, pero pocos sabemos que además fue bibliotecario en la biblioteca de Dux en Bohemia y escritor, de novelas, poesías, libelos.

De España Benito Arias Montano, Bibliotecario del Escorial; Leandro Fernández de Moratín director de la Biblioteca Real; Bartolomé Jose Gallardo. bibliófilo y bibliotecario; Juan Eugenio Hartzenbusch poeta romántico autor de la famosa obra “Los amantes de Teruel” fue también director de la Bibllioteca Nacional, además de ebanista. Cuenta Rosa Regás, también directora de la Biblioteca Nacional de España, que trasladó a su despacho la mesa que él mismo había fabricado; Marcelino Menéndez Pelayo que legó toda su biblioteca al Ayuntamiento de Santander y Eugenio d´Ors creador de las bibliotecas populares de la mancomunidad de las cuatro provincias de Cataluña, precursor en la creación de facultades de biblioteconomía, precursor del servicio de préstamo, redactor de reglamentos etc. Los que hemos estudiado la historia del libro y de las bibliotecas en España, como temario de una oposición  los conocemos más o menos.

De Francia: Georges Bataille, estudió biblioteconomía y archivística en la famosa “Ecole des Chartes”;  Georges Perec, el bibliotecario raro;  Charles Perrault bibliotecario del Louvre y  Marcel Proust, un bibliotecario dandy.

De Alemania, Austria y Suecia :  Johannn Wolfgang von Goethe, fue el bibliotecario de Weimar;  Jacob Grimm y Wilhelm Grimm bibliotecarios e investigadores de literatura infantil alemana;  Johann Christian Friedrich Holderlin bibliotecario, sólo dos años de 1804 a 1806 en la ciudad alemana de Bad Homburg ; y  Rober Musil que no disfrutó de su trabajo como bibliotecario en la Technische Hochschule de Viena.  El trabajo le parecía aburrido y rutinario. El autor de la famosa novela el “Hombre sin atributos” prefería escribir a trabajar como bibliotecario. No podemos olvidar al sueco August Strindberg.

De Rusia un único seleccionado:  Alexandr Solzhenitsyn. Fue bibliotecario, pero antes sobrevivió a su prisión en el campo de concentración de Lubianka, gracias a los libros y a su biblioteca. La frase que dedica a la bibliotecaria no es muy amable pero… “La biblioteca era el ornato de la Lubianka. La bibliotecaria era repulsiva, eso si. Era una moza rubia de complexión algo caballuna que hacía todo lo posible para estar fea… Pero lo asombroso es que cuando veníamos a retirar libros, una vez cada diez días¡ hacía caso de nuestros encargos” 

Dios me hizo poeta, y yo me hice bibliotecaria”

Y para terminar de citaros a estos escritores bibliotecarios, me voy a extender un poco más con  la única mujer escritora y bibliotecaria del libro, Gloria Fuertes.

Si bien en la actualidad,  en las  bibliotecas trabajan principalmente mujeres, durante los siglos anteriores esta profesión  era una profesión de hombres. También hay que esperar al siglo XIX y XX para que las mujeres escritoras empiecen a hacerse un hueco dentro de la literatura.

Pero al margen de este comentario de género, no soy amiga de las cuotas, Gloria Fuertes tiene su sitio por sus propios méritos dentro de la poesía y dentro de la profesión bibliotecaria. En su poemario “Todo asusta ” dijo “ Dios me hizo poeta, y yo me hice bibliotecaria”

Siempre es mejor tener un libro, que un jefe”

Gloria Fuertes  destacó ya en 1958 con la obra “Poemas de suburbio” y fue colaboradora habitual de la revista” Chicas”. Reivindicaba con otro grupo de mujeres un papel mayor en la sociedad franquista. Gloria se hizo bibliotecaria porque necesitaba dinero.

Estudió  inglés y biblioteconomía en el Instituto Internacional de la calle Miguel Angel de Madrid y terminada la formación encontró trabajo en una biblioteca cercana al Instituto.

Pasó de trabajar en una oficina, lugar maldito para ella a un lugar donde sus jefes eran los libros. Decía con ironía “Siempre es mejor tener un libro, que un jefe”.

La época en que trabajó como bibliotecaria recomendando libros a los lectores fue una época muy feliz para ella. Mucha gente del barrio, acudía con frecuencia a la biblioteca y ella era la cara amable de la Institución. No se limitaba a aconsejar libros y a vigilar que nadie se los llevara, sino que con simpatía habitual transmitía su entusiasmo por el poder  de los libros. Alentaba las reuniones, las tertulias,  y contagió su entusiasmo por los libros a toda la Institución.

Su amistad con Phyllis Turnbull

Phyllis Turnbull profesora norteamericana del Instituto Internacional fue su amiga hasta la muerte de la misma en el año 1971.

Phyllis consiguió a su amiga una beca Fullbright  que le permitió dar clases de español en Universidades de Estados Unidos. Gloria que había hecho estudios de biblioteconomía pero no de rango universitario,  ironizaba con el tema y decía “La primera vez que entro en la universidad es para dar clases en ella. Siempre fue una persona muy humilde.

Por lo tanto después de ser bibliotecaria pasó a ser profesora de la Universidad en Pensylvania y en Virginia. Lo que más le impresionó fueron las bibliotecas universitarias americanas. “Aquellos colleges tenían infinidad de libros disponibles de manera rápida, compraban novedades sin reparar en gastos, los cuidaban con profesionalidad y respeto y tenían un sistema de organización muy moderno tanto en la clasificación como en el préstamo”.  Esta década de profesora en la Universidad corresponde a los años sesenta.

Ëpoca de los reconocimientos

Al volver de Estados Unidos a España, siguió trabajando como profesora en el Instituto, pero unida siempre a la biblioteca porque quería transmitir a los niños su amor por las mismas. En 1965 recibió el Premio Guipuzcoa por el libro “Ni tiro, ni veneno, ni navaja”, el premio Lazarillo por su libro de cuentos “Cangura para todos”. A partir de los setenta pudo vivir de la literatura. ¿Quién no recuerda de los nacidos en los años sesenta, el programa de televisión” Un globo, dos globos, tres globos y” la cometa blanca” en cuyos guiones participó?

Además de su obra poética Gloria Fuertes es recordada por su labor para crear bibliotecas y por la dimensión pedagógica de su obra. Tenía gran preocupación por inculcar la pasión por la  lectura en los niños. Quería que también los niños tuvieran como únicos  jefes a los libros. Por eso la Biblioteca pública y centro juvenil de Barajas rinde homenaje a la autora poniendo su nombre a la sala infantil y  por eso algunos colegios llevan su nombre. En un país lleno de pobreza como era España en la posguerra Gloria se lanzó a luchar contra el analfabetismo regalando incluso su dinero y sus libros.

Hasta fechas recientes, El director o directora de la Biblioteca Nacional solía ser escritor y o escritora. Sin embargo los directores de bibliotecas ya no son en general personalidades importantes. La enseñanza de la biblioteconomía en las universidades ha “profesionalizado” este trabajo. También se ha roto con ese tópico de trabajo bibliotecario, sinónimo de leer libros. Incluso y eso ya es más problemático, hay bibliotecarias que leen poco. El futuro de la profesión bibliotecaria es un enigma. ¿qué hay que enseñar en las Facultades en la actualidad?

El libro está lleno de anécdotas interesantes. Está escrito con un estilo ágil. Puede leerse un único capítulo o todos. Es imprescindible para nuestra profesión pero también para todo aquel que quiera comprender un poco más qué ha sido la biblioteca y porqué muchos escritores se sintieron en el paraíso, trabajando en ella.

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