22

Nov / 2018

Cosas de familia

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Los escritores Juan José Millás y Manuel Vilas compartieron ayer en Kutxa Kultur plaza uno de los momentos más distendidos y divertidos de los que hemos disfrutado en este festival Literaktum 2018. Con la complicidad del público, el también escritor Jesús Ruíz Mantilla, fue guiando el coloquio hacia los aspectos familiares que más han marcado la trayectoria literaria de estos dos autores.

Sentimientos y palabras se engarzan en el universo de las familias, generando un lenguaje único, bien por lo que se dice, por cómo se dice, o bien por lo que se oculta y resuena en el imaginario infantil, escenas que van marcando la vida y delineando nuestra personalidad y lo que seremos en nuestra vida adulta.

Millás, a quien de pequeño llamaban “lengua de trapo”, relató cómo la literatura se convirtió en su vía de escape por sus dificultades con el lenguaje. Lector incansable de prospectos médicos junto a su madre, recuerda aún que en su infancia sentía al lenguaje como una exploración y excusa dentro del seno familiar.

Esa curiosidad por el uso del lenguaje le llevó a escribir. O quizás no fuera así. Según nos contó ayer, lo que le motivó a escribir fue el rencor, el deseo de venganza, la extrañeza frente a un mundo que no ha entendido. Y así, ahora que se va haciendo mayor, dice: “finjo que entiendo, porque yo a la vida no le he cogido el punto”.

Vilas, por su parte, confesó la necesidad de escribir Ordesa, su última novela, tras la muerte de su madre, en un intento primitivo y no reconocido socialmente de hablar con ella, de que permaneciera con él, y así poder sobrellevar el dolor por su pérdida que se unía a la pérdida de su padre años atrás. Porque para Vilas, con la muerte de su madre se diluyó parte del lenguaje familiar que había sostenido a la misma familia, con sus códigos (a veces sin palabras, con silbidos como los que utilizaban sus padres para comunicarse) y sus formas de manifestar amor, ese sentimiento incómodo que no se expresaba con palabras cuando él era niño.

Sin embargo, ambos autores afirmaron que el amor incondicional de los padres hacia los hijos es algo que no resulta tan extraño de expresar y de sentir, siempre teniendo en cuenta que esa expresión puede ser de lo más variopinta y personal. La charla dio un giro inesperado cuando el discurso se centró en este amor incondicional: un amor que sólo puede entenderse cuando se es padre o madre, que es un mandato biológico y no una construcción cultural, y que, según Vilas, debería ser un derecho para todos los seres humanos el poder sentirlo.

Centrada ya la conferencia en este tema, la experiencia personal de estos dos autores se onvirtió en relato con recuerdos y vivencias de ese amor incondicional de padres a hijos e, incluso, de abuelos a nietos. Y más de una persona del público se sintió identificada con anécdotas que, de una u otra manera, nos hacen viajar a nuestra infancia y a lo que somos ahora. Porque tal y como decía Millás, lo que hacían nuestros padres lo hacemos ahora nosotros y a medida que vamos haciéndonos mayores, la imagen que vemos reflejada en el espejo se parece más a ellos.

Juan José Millás, Manuel Vilas & Jesús Ruíz Mantilla / Azaroak 21 de Noviembre – Kutxa Kultur Plaza (Tabakalera)

03

May / 2016

Entrevista a Juan José Millás


“Observar a los otros es uno de los modos de observarnos a nosotros mismos”

Juan José Millás tiene una cita doble en Literaktum este año. El 3 de mayo, a las 17:00 h., participará en un café con lectores en la librería Hontza. A las 19:30 h. conversará con Eva Monente en el Centro Cultural Okendo de su nueva novela, Desde la sombra (Seix Barral). Hemos tenido la oportunidad de hablar con él sobre el libro.

Aritz Gorrotxategi: En Desde la sombra partes de un planteamiento cercano al absurdo, incluso casi kafkiano, pero poco a poco ese absurdo se va perfilando como algo muy real. A veces, sólo podemos llegar a alcanzar la profundidad a través del absurdo…

Juan José Millás: El absurdo funciona porque la vida es absurda. Lo que el escritor debe hacer es proporcionarle una lógica interior.

AI: Damián se rodea de un interlocutor e incluso de un público imaginario para hacer sus confesiones. Con presentador y aplausos inclusive. ¿Esa necesidad brutal de afecto y reconocimiento nos puede hacer perder el contacto con la realidad hasta el punto de despersonalizarnos y hacernos formar parte del espectáculo?

JJM: Desde luego, es lo que les pasa a los delirantes, que confunden la realidad con sus quimeras.

AI: Damián medita que se ha desenvuelto en el capitalismo como los peces en el agua, “igual que el pulpo no necesita comprender el océano para vivir en él”. Incluso reconoce que él mismo se mimetiza con el paisaje. ¿Pecamos en demasía de mimetizarnos con aquello que nos rodea? ¿Deberíamos ser más críticos con la realidad, cuestionarla más?

JJM: No hay duda de que deberíamos ser más críticos. Pero ello no excluye el placer de confundirse con el paisaje.

AI: Creo que tu fascinación por los armarios viene de lejos… Incluso aparecen algunos armarios en relatos tuyos. Al fin y al cabo, un armario puede tener multitud de significados…

JJM: El armario es uno de los trastos con más carga simbólica de los inventados por el ser humano. Se parece al útero materno, al ataúd y, sobre todo, al subconsciente.

AI: Observar a los otros nos puede ayudar a entenderlos y a entendernos. Es algo que Damián va comprendiendo durante su periplo dentro del armario…

JJM: Observar a los otros es uno de los modos de observarnos a nosotros mismos, del mismo modo que observarse a sí mismo constituye una manera de contemplar a los otros. Otra cosa es entendernos.

AI: ¿Se puede observar a los otros con profundidad y sin caer en el cotilleo puro?

JJM: Bueno, la observación de la que yo hablo no tiene nada que ver con el cotilleo, que es un asunto muy devaluado. Ahora bien, es cierto que cuando uno “cotillea” algo acerca de los otros está diciendo mucho de sí mismo.

AI: Damián necesita de un período de soledad y aislamiento para penetrar en las cosas. Necesita volverse invisible Puede que sea algo que necesitemos como sociedad, echar el freno y reflexionar sobre lo que acontece…

JJM: Quizá convertirse en nadie para ser alguien.

AI: La novela mezcla sabiamente humor y desazón. ¿Conforman esos dos ingredientes tu visión acerca de la vida?

JJM: La otra cara del terror es la risa.

AI: El telón de fondo de la crisis es palpable en la novela…

Pues sí. Pero entendiendo la crisis como una parte esencial del sistema. Es decir, como una agresión.

AI: ¿A veces no te dan ganas de meterte en un armario y desaparecer por una temporada? Sobre todo viendo la situación casi surrealista en la que vivimos…

JJM: Claro.

AI: Los escritores se comportan en ocasiones como el propio Damián: espían vidas ocultas, conversaciones perdidas, las recrean… A veces lo hacen a escondidas… ¿Podría decirse que tienen algo del propio Damián?

JJM: Los escritores observan la vida desde el ojo de la cerradura, o sea, desde fuera. Si se confundieran con lo observado, no serían capaces de escribir con la distancia con que es preciso hacerlo.

AI: Damián evita leer literatura rusa del siglo XIX y prefiere, en cambio, manuales de usuario, folletos de instrucciones… Además de ello le gusta la telebasura, navega por internet… Esa despreocupación por la cultura y por los clásicos contrasta con la devoción que siente por los productos de consumo rápido. ¿Es un mal que se puede atajar o no nos queda sino arrojar la toalla?

JJM: Damián representa un modo de cultura que emite durante las 24 horas del día la televisión. Damián es un producto genuino de esa cultura.

AI: ¿Qué papel puede jugar un escritor en una sociedad en la que parece que los libros van quedando arrinconados?

JJM: Continuar escribiendo libros, aunque los arrinconen.

AI: ¿Qué queda en el Millás actual del autor de Papel mojado? ¿En qué ha cambiado? ¿Qué crees que has ganado como escritor durante el tiempo y qué echas en falta?

JJM: No lo sé. No pienso mucho en mí mismo, o en estas cuestiones relacionadas con mi evolución.

Juan José Millás