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Urr / 2016

¿Quién da la vez? (algunas cosas, no muchas, sobre la cola de la Semana de Cine Fantástico y de Terror)

Autorea: zigor

Comenzar a escribir en un blog siempre es un reto, pero escribir para el de la Semana de Cine Fantástico y de Terror es algo más, es todo un honor. Y no porque crea que haciéndolo me convierta en una persona más honorable, sino porque poder expresar muchas de las emociones que un espectador de la Semana siente y padece desde su oscuro cubículo del Teatro Principal le llena a uno de orgullo, y tal vez, de satisfacción.

Este año los encargados de amenizar (y por qué no, entretener) esta hermosa bitácora seremos de nuevo un par de atrevidos. En mi caso se podría decir que piso terreno familiar, porque creo que novato no soy en esto de la Semana (de 27 ediciones, me habré perdido las dos o tres del principio) y los improperios varios que suelen lanzarse hacia aquellos que salen al escenario, los recibiré con mucho agrado y aplomo. Y luego estará mi compañera Nerea Sorondo, que aportará sus buenas dotes para describir una sensación, digamos, más fresca sobre la Semana. Ella lo hará en euskera, y el que suscribe, en castellano.

Foto: Iñigo Royo

Foto: Iñigo Royo

No podía empezar sin referirme al extraño fenómeno que dura un par de días y que es un aperitivo de la Semana: la cola de ‘sustitos’, o simplemente, la cola del Terror. Cuando la gente se sorprende ante semejante acontecimiento (sí, amigos, todavía hay lugareños que desconocen que la Semana de Terror llega todos los años a Donostia, igual que los catarros otoñales o los corredores de la Behobia), no quepo en mí de gozo cuando tengo que explicar la misteriosa razón por la que unas personas se traen la tumbona, la mesa camilla, unos hinchables para dormitar y algún que otro aderezo para que les acompañe en una (o dos) noches a la intemperie de la Calle Mayor. “¿Y todo por un abono?”, “¿Y para ver películas de miedo?”, me preguntan con un atisbo de incredulidad. Y la respuesta no puede ser más evidente para quien ha vivido la Semana: “Sí, es para un abono y para ver películas de terror. Pero también para disfrutar del ambiente de la Semana y reencontrar amigos que sólo ves una vez al año y con los que compartes algo que es difícil de describir, tal vez un poco de felicidad”. Alguno me mira raro tras la respuesta, aún me pregunto por qué. La Semana ha sido y sigue siendo un verdadero puente de convivencia. Y diría más, de tolerancia.

La parte de la Calle Mayor que se enfrenta al Principal suele estar esa noche llena de gente, pero es que si das la vuelta por la Calle Bilintx ahí siguen otros y otras valientes, llegando hasta la plaza Lasala en inquieta y muy educada espera para adquirir los preciados abonos. Es tan educado el público de la Semana, que se reservan sitios a aquellos que llegan más tarde por los compromisos laborales o familiares. Y es que una cosa hay que decir de nosotros y nosotras. En estos 27 años, hemos crecido en y con la Semana, nos han salido canas y hemos perdido pelo (unos más que otros), y algunos incluso han formado familia. Hasta podríamos decir que durante 7 días, nos convertimos todos en una gran familia, casi siempre bien avenida.

Foto: Zigor Etxebeste

Foto: Zigor Etxebeste

Esta nueva edición, la 27ª, está repleta de buena programación, como casi siempre, y en la cola se comentaban cuáles podían ser las películas que más nos pueden gustar. Esto puede querer decir dos cosas, bien que realmente sea una película en la que la disfrutemos por su calidad o bien que sea una de las nuestras, esas en la que no paramos de romper la cuarta pared e integramos aquello que ocurre en la pantalla en nuestra fiesta semanal. De esas hay muchas que prometen este año, desde la inaugural de Shin Godzilla hasta la reciente ganadora de Sitges, Swiss Army Man, que clausura la Semana.

Hasta aquí algunas de las cosillas que podemos decir como presentación del blog de este año, y para deleite de aquellos y aquellas valientes con quienes tuve una grata conversación la noche de la ‘cola del Terror’, dejamos un par de fotos que reflejan el buen ambiente vivido.

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