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Hermanito

Amets Arzallus

Blackie Books 2021
134 or.
ISBN 978-84-18733-42-0

‘Hermanito’ podría ser una de esas historias que nos pasan desapercibidas, que se pierden en el día a día con el huracán de malas noticias. Una de esas noticias que se oyen, pero que no se escuchan. Podría, pero no lo es. No lo es porque, por suerte, el bertsolari Amets Arzallus escuchó a Ibrahima Balde cuando sus destinos se cruzaron a finales de octubre de 2018 y su historia nos ha llegado en forma de libro. Un libro del que nadie sale igual. Un libro que Ibrahima Balde ha escrito con la voz y Amets Arzallus con la mano.

Las generalizaciones arrasan con todo. El exceso de imágenes con el contexto justo, nos anestesian. Los grandes titulares nos abruman. En estos tiempos que corren, resulta difícil agarrarse a una historia. Resulta casi imposible que algo nos atraviese. Oímos hablar de inmigrantes y africanos con frecuencia, y también hablamos pero ¿realmente sabemos de qué estamos hablando? ¿Somos conscientes de que detrás de esas cifras y de esas noticias hay personas con nombres y apellidos? ¿Olvidamos, tal vez, que hay tantas historias como personas?

“«Miñán, ¿a qué has ido a Libia? », le pregunté. En el idioma popular, la palabra miñán significa hermana pequeña o hermano pequeño. Hermanito. Me dijo que quería llegar a Europa. (…) El crédito del teléfono se iba a agotar y le pregunté dónde estaba. Me dijo que en Sabratha, en el gran campo de refugiados de Baba Hassan, esperando una ocasión para cruzar el mar. «Ten mucho cuidado, miñán», le dije. Me contestó que sí, que tendría cuidado, que me lo prometía.
A los tres o cuatro días salí a buscarlo, en un minibús que iba de Conakri a Siguiri. Eran las diez cero cero.”

Así arrancó la odisea de Ibrahima Balde. No salió en busca de ningún sueño ni de ninguna vida mejor. Abandonó su hogar para encontrar a su hermano, la persona a la que más quería en el mundo. La historia en sí es de lo más cruda, Ibrahima atraviesa desiertos, fronteras y océanos, pero la forma de contarlo es diferente. Es el gran valor de este libro. Amets Arzallus ha hecho un ejercicio bellísimo y muy generoso para captar la mirada ingenua y herida de Ibrahima. En ciertos momentos, incluso con la crudeza del relato las palabras de Ibrahima son poéticas. No solo es una historia útil, además es de una gran belleza.

Amets Arzallus cuenta en el epílogo que “conducía con aquella voz, con los fragmentos de su vida, dando vueltas en mi cabeza, y con una preocupación: de qué forma escribirlo. Cómo escribir una herida sin rasgar el pudor y la intimidad de quien la sufre. Cómo escribir con respeto, sin exhibirme en acrobacias con el dolor ajeno”. Lo consiguió. Consiguió un relato con el que conocemos los orígenes, las proezas y las heridas de Ibrahima. Consiguió un relato que está dando la vuelta al mundo. Consiguió un relato que sí estamos escuchando.

Dice Ibrahima que “solía sentarme junto a mi hermano y le hablaba, como ahora te hablo a ti. Le hablaba con la boca y con los ojos. Así las palabras no se caen”. El próximo martes, en la última de nuestras tertulias literarias del curso hablaremos largo y tendido de todas estas palabras que no se han caído y que seguro que nos acompañarán durante mucho tiempo. ¡Nos vemos!

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