En el amplio listado de libros seleccionados por bibliotecarios, editores y libreros -365 títulos, uno para cada día del año- en el marco de la capitalidad cultural Donostia 2016, damos con uno muy especial: Soldados de Salamina.
Me parece escuchar…¡Vaya rollo, una de romanos¡ Sería más apropiado decir una de griegos y persas, una batalla que marcó el rumbo de la civilización actual… pero frío, frío.
Los soldados que nos ocupan son tan o más valientes que los que lucharon en el Peloponeso, pero son del siglo XX: batallaron en la guerra civil española.
El autor, Javier Cercas, nos envuelve en un bucle histórico. Basada en su propia experiencia y con él como narrador y sujeto de la acción -un escritor fracasado metido a periodista en busca de una buena historia-, nos cuenta su investigación sobre Sánchez Mazas -ideólogo falangista y buen escritor, “que no gran o brillante”- , el fusilamiento fallido de éste a cargo de las tropas republicanas en desbandada -ya se había perdido la guerra- y su paso al lado nacional.
Cercas recorre los caminos y vericuetos de esta huida, recoge testimonios de aquí y de allá.. y descubre que en la escapada un soldado republicano miró hacia otro lado salvándole con ello la vida y que fue ayudado por los “amigos del bosque”…
Todo ello se narra la mayor parte de las veces a buen ritmo: las pesquisas, las certezas, las dudas…con figuras tan interesantes y dramáticas como el republicano Miralles, que pasa sus últimos días en una residencia en Francia, alejado de todo, buscando la manera de ganarle un tiempo más a la parca, para poder así sortear el control de las monjitas y darse el capricho de fumar unos cigarros o manchar el café con el coñac que guarda en la petaca.
Él no sólo había perdido su guerra, las había perdido todas…
Poco importa si fue o no Miralles el soldado “salvador”, el que perdonó la vida al falangista, si éste magnificó su odisea y hasta que punto ayudó a los “amigos del bosque” una vez finalizada la contienda, si Cercas maquilla en parte el relato o ensalza algunos personajes en detrimento de otros.
Lo importante es que construye una novela que es considerada ya un clásico, que plasma con urgencia lo que es urgente: el recuerdo, la memoria de los que ya no están y que, por el tiempo transcurrido,se irán quedando sin testigos. Y es que, como dice Miralles “ya nadie se acuerda”.
Destacar la importancia del pasodoble Suspiros de España y la existencia de una espléndida película de David Trueba (2003) del mismo título que la novela. El primero ayuda a engarzarla, la segunda plasma a la perfección su fuerza. Al lector sólo le queda dejarse llevar…
