Miguel Sánchez Ostiz
El escarmiento
Pamiela, 2013
510 páginas, 25 €
ISBN 97884676817735
Post hau gaztelaniaz dago.
Miguel Sánchez Ostiz
El escarmiento
Pamiela, 2013
510 páginas, 25 €
ISBN 97884676817735
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[youtube]http://youtu.be/fD86yVkixd0[/youtube]
Estamos en la Rusia postsovietica, la de las mafias, los nuevos ricos, el periodismo de investigación , la protesta en la calle, el zar Putin… en la Rusia de Arkady Renko, detective, descreído del sistema, hijo de un auténtico militar ruso con todo lo que ello lleva consigo.
En esta nueva Rusia, Renko no es bien considerado por sus compañeros por su afan de llegar a la verdad, tampoco por los mafiosos, con los que es implacable y, por último ni siquiera la nomenklatura apoya sus métodos.
Su vida personal tambien es atípica: mantiene una extraña relación amorosa con una periodista, y la tutela de un adolescente tan genial como difícil.
Arkady Renko debe en esta ocasión meter las narices en el caso del ¿suicidio o asesinato? de una periodista – Tatiana Petrovna – nada cómoda para el régimen. Y decimos meter las narices porque lo hará motu propio y acompañado de su fiel Viktor, borracho consumado y su topo en los bajos fondos moscovitas.
Todas las ayudas le serán pocas para llegar al fondo del asunto: su amante Ania y su relación con el mafioso Gregorievich, su “hijo” Zhenia y su amiga Lotte como desencriptadores, Viktor tirando de todos los hilos en el submundo moscovita, … y como marco la ciudad de Kaliningrado y su importancia económica como centro mundial del ámbar.
Los personajes son fríos, parcos, heladores y los sentimientos apenas tienen cabida.
La violencia tambien es fría, parca y heladora y no hay mucha casqueria.
Todos parecen vagar en una estepa blanca como de cómic.
Martin Cruz Smith vuelve a presentarse como un gran contador de historias desde aquel Gorky Park que inauguró la serie de Renko. El personaje ha ido adquiriendo peso y podríamos decir que es uno de los detectives mas seguidos del momento.
También interesa la visión que nos va dando de la Unión Soviética y las luchas de poder que en ella se producen, muy lejos de la visión de una Rusia homogénea y mastodóntica que se nos ha estado vendiendo por parte del gran zar Putin.
Tatiana es una novela de divertimento, pero de buen divertimento, y mantiene bien cerrada la última matrioskha hasta el final.
Quedamos a la espera de una nueva entrega de nuestro paladín Arkady Renko.
Sé que corro el riesgo de que me expulsen del muy distinguido y más selecto club de los heavies de bote, pero no he podido evitar sentir algo por esta preciosidad de libro. Sé que en dicho club, por el mero hecho de utilizar la palabra “preciosidad”, te ponen de patitas en la calle. Pero no me importa, antes me voy yo, alegando lo que alegó en su día Groucho Marx sobre el tema. Y me dispongo a defender a capa y espada la cualidad de precioso de este libro que tantos problemas sociales me va a acarrear.
A Dios pongo por testigo que su portada atrajo mi atención y que sólo tras hojear el contenido y decidir que éste era un libro bello y especial reparé en que había recibido el Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia – Fundación SM, 2013-. Así que me declaro inocente del delito de recomendar un libro premiado, que como todo el mundo sabe no tiene ningún mérito (aunque ahora que lo pienso, recomendar algunos libros premiados más que mérito requiere desvergüenza).
A lo que íbamos. Recomiendo, pues, a todos aquellos, niños o adultos, que aún no tengan la retina requemada por decenas de horas de Gandía Shore y que aún conserven algo de sensibilidad, que hojeen esta joya y disfruten de la estupenda gama de colores de la artista japonesa Satoe Tone, de los diversos paisajes y estaciones del año representados y de las emociones que, cual pintor impresionista, evoca de manera tan delicada. Todo un goce visual acompañado por un bello texto que no puede dejar indiferente a nadie. Ni siquiera a mis excolegas del club.
Hace unos meses comentábamos en esta misma sección una novela que se planteaba la resurrección de Adolf Hitler en la Alemania actual –con el consiguiente revuelo en la sociedad alemana- y nos preguntábamos si esta parodia sería posible en este país.
Pues bien, el nada sospechoso Daniel Vázquez Sallés -periodista, productor cinematográfico y novelista de amplia trayectoria- se ha atrevido con el mismísimo Franco en un ejercicio literario tan divertido como agrio.
El punto de partida no puede ser más esperanzador: “Españoles, Franco ha muerto”… pero su yernísimo el marques de Villaverde le extrae seis pelos que serán la matriz para su clonación, de la mano del Doctor Mengele traido ex-profeso del Brasil.
Treinta y pocos años después Paquito sale de las sombras para tomar las riendas de un país que va a la deriva, a través del CAP, su partido, el Cuarenta Años de Paz.
Y con dos… !!jamones¡¡ que, cruzados, forman el emblema del partido.
No hace falta más para imaginarse la de situaciones a las que se enfrenta el personaje y el grupete de elementos que le rodean (fascistas de medio pelo, otros encubiertos en alias, incluso algunos que se presentan tal cual como Pitita Ridruejo en cuyos brazos renace este remedo de Franco…) que elaboran una loa coral entorno al “una, grande y libre” y metiéndose a saco con todo el rojerío del país.
Lo que no es tan gracioso es que ese meterse a saco recuerda a muchos postulados de partidos actualmente en el poder y a muchas actitudes que el paso del tiempo no ha eliminado.
Esa derechona arcaica, farisea, cruel …. Estupendamente retratada en personajes como el Conde de Atapuerca, Grande de todos los Maestrazgos, o en fascistas de nuevo cuño y reyes del marketing como Maremar y Maremir.
Se trata pues de un buen entretenimiento, sobre todo para los que no vivieron el terror de los 40 años de paz, divertida y a la vez chocante para la generación que empezó a sentir los aires de libertad en las postrimerías de la muerte del dictador.
Para los primeros, los que sufrieron los famosos 40 años, queda como consuelo que la tecnología utilizada en Paquito 2 estaba basada en la clonación de la oveja Dolly y todos sabemos como le fue a ésta…
Solo nos queda echarnos unas risas ¿o unas carcajadas? A su salud, camaradas.
A veces recomendar un cómic se hace difícil, porque por un lado el dibujo te puede gustar mucho, pero por otro la historia a lo mejor te chirría un poco. Es el caso que hoy nos ocupa, pero dejar pasar este título sería una lástima porque realmente la parte gráfica merece mucho la pena.
El guionista francés Xavier Dorison retoma la figura del famoso pirata imaginado por Stevenson para embarcarlo en una imposible aventura en busca de la ciudad perdida de Guyanacapac, donde supuestamente le espera una versión de El Dorado elevada a la enésima potencia. El guión es el producto de alguien que se ha empachado una tarde de sábado viendo del tirón En busca del arca perdida, El templo maldito, Los goonies, a lo mejor algún capítulo de Walking Dead y es, por supuesto, un fanático de La isla del tesoro. Todo este popurrí está diseñado para hacer las delicias de cualquier fan del género de aventuras, y aunque lo consigue, justo es reconocer que, en ocasiones, la historia se ve un pelín forzada por querer encajar demasiadas piezas en el puzzle.
Pero no seamos tiquis-miquis y dejémonos llevar por la emoción, porque así vamos a poder disfrutar de lo lindo del grafismo absolutamente espectacular de Mathieu Lauffray. Y es que a uno se le ponen los pelos de punta cuando nos adentramos en ese salón tan sólo iluminado por una chimenea y en el que se nos relata, en apenas un susurro, la leyenda de la ciudad maldita de Guyanacapac. O cuando John Silver entra en escena con esa sonrisa de hiena que te hace llevarte la mano a la cartera. O cuando por fin nuestros ojos pueden contemplar la decadente majestuosidad de la ciudad perdida en la jungla. Definitivamente, este viaje no nos lo podemos perder.
El libro titulado El pirata y el boticario es un libro especial y cualquiera que lo coja en sus manos lo podrá percibir. Primero porque es un cuento infantil escrito por el eterno Robert Louis Stevenson, que ya de por sí no es cualquier cosa, y porque además es un texto inédito por estos lares. Y segundo, y quién sabe si de manera más importante, por la extraordinaria calidad de las ilustraciones. El responsable de estas es un tal Henning Wagenbreth, artista alemán radicado en Berlín para más señas, de cuya obra tenemos un par de ejemplos en la Red de bibliotecas y que lo mismo le da a la ilustración, como al cómic como al diseño gráfico.
La historia es simplemente genial, escrita en verso, nos contrapone a dos tipos de criminales, solo que uno es aceptado por la sociedad y el otro no. Uno tiene una pátina de respetabilidad y el otro no. ¿Pero cuál de los dos es peor? Eso que lo decidan los lectores. Se ve que Stevenson tuvo algún tipo de trauma con algún boticario (¡Oops, habemus spoiler!). Y que nos perdonen los boticarios, pero hay que tener en cuenta que al escritor escocés le apasionaban los piratas. Nosotros al menos se lo perdonamos.
Y si el cuento es genial, qué no diremos de la magnífica obra del ilustrador. Digamos simplemente que es como si a Georges Grosz le diera por ilustrar para niños. Expresionismo alemán a tope. Impagable la recreación a doble página de los abordajes del bucanero, tan vívida que hasta parece que las llamas quemaran de verdad.
Para enmarcar.
Chil Rajchman
Treblinka
Seix Barral 2014
238 páginas, 23 cm
ISBN 9788432221118
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