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El paraíso perdido, de John Milton, Pablo Auladell

El autor de El paraíso perdido, el dibujante e ilustrador Pablo Auladell, se incorpora por la puerta grande a nuestro particular panteón de deidades comiqueras. Y nunca mejor dicho, por cuanto el tema tratado es precisamente el de dioses y monstruos. Reproduce en lenguaje de viñetas y bocadillos la imperecedera obra del poeta del siglo XVII John Milton, lo cual puede parecer sorprendente, pero visto el resultado, hemos de afirmar que la copia no desmerece en nada al original (con la venia de tan insigne literato). Dicho lo cual, también quisiera añadir que el mundo de la poesía no le sienta nada mal al cómic. Cierro digresión.

Reproduce esta novela gráfica, decíamos, la obra en la que Milton, gigante de las letras anglosajonas, con hermosas y épicas palabras, glosa el génesis de la Humanidad y el Origen del Mal. Un mal encarnado en un Satán verdaderamente escalofriante en manos de nuestro premiado dibujante, que lo mismo mueve a lástima como a profundo pavor. Tan pronto se siente uno identificado con él, como lo rechaza visceralmente. Pavor, sin embargo, no mayor que el provocado por un Dios omnipotente y su cohorte de arcángeles, glacial y terroríficamente bellos en la pluma del ilustrador alicantino. Su arte muestra lo sobrehumano de estos seres gracias a una magistral combinación y contraposición tanto de colores como de trazos. La caracterización de Satán, huyendo de todo estereotipo es, sencilla y llanamente, soberbia en cualquiera de sus encarnaciones, digna de convertirse en arquetipo estético para futuras generaciones. Al diablo con el olor a azufre, los cuernos y el rabo puntiagudo, el Satán de Auladell es digno de poblar, en adelante, nuestras más perturbadoras pesadillas.

Una librería en Berlín, Françoise Frenkel

Una librería en Berlín, Françoise FrenkelUna librería en Berlín, Françoise Frenkel
Seix Barral, 2017
293 páginas, 17,58 €, e-book 9,49 €
ISBN 9788432229992

Manuscritos como los de Némirovski, Sontag o Neruda aparecieron en maletas, carpetas o en altillos. Durante la ocupación nazi, son muchos los ciudadanos que comienzan diarios o guardan las cartas y fotografías de seres queridos en un intento de preservar parte de sí mismos. A todo nos vienen a la mente Una mujer en Berlín -aparecida en un mercadillo- o la más conocida de todas El diario de Ana Frank.

La novela que nos ocupa, Una librería en Berlín de Françoise Frenkel, forma parte de este intento del ser humano por contar, por hacer públicos unos sucesos que le afectan como individuo pero también como colectividad, un intento de desgranar poco a poco, dolor a dolor, una situación tan dramática como increíble: la de aquel que huye, tras ver su vida cada vez más vulnerable y amenazada, sin saber muy bien hacia dónde, o cómo, o por cuánto tiempo.

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Bettý, Arnaldur Indridason

Ella será la que teja una red de medias palabras, maniobras, confesiones, intrigas…con el fin de lograr lo que siempre ha deseado: una gran fortuna, una vida de lujo y poder.
Pero, para ello debe fascinar, seducir, controlar y manejar a las marionetas que la llevarán al éxito. Y sabe hacerlo, vaya que si sabe hacerlo.

Hasta aquí, puede parecer una novela negra más de las muchas que se editan, pero a lo largo de la narración se van sucediendo una serie de golpes de efecto que la dotan de un peso singular. Tanto es así, que a veces piensas que te has perdido algo importante, que el autor te esta engañando, que debes releer un par de capítulos anteriores…

Nada de lo que ocurre es casual, cada movimiento de los participantes en la farsa tiene su importancia: antes, durante y después del crimen todos juegan su papel, a veces desde la más completa ignorancia.
Y precisamente desde esa completa ignorancia se nos narra en primera persona la malévola trama: su inicio (la seducción, los juegos de placer y poder), su nudo (el control absoluto) y el desenlace (calculado hasta el milímetro por nuestra femme fatale).

Sabemos que nada es lo que parece, pero las sorpresas nos esperan…
creo que nuestro umbral de confianza en los demás bajará muchos puntos… nunca volveremos a mirar un martillo de la misma manera.

Mi nombre era Eileen, Ottessa Moshfegh

Eileen Dunlop nos relata su día a día, sus estados de ánimo cambiantes, su falta de autoestima, sus delirios, sus temores… funciona como puede, sin ninguna ayuda, sin ningún apoyo, y a bandanzos, a golpes, a impulsos, nos muestra todo el dolor, la ira y la frustración que alberga su escuálido cuerpo. Asistimos en primera persona al desarrollo de un personaje triste, deprimido, encajonado en una vida amarga que odia, pero de la que parece no poder escapar.
Es una narración rápida, a ráfagas, clara, sin pudor alguno… que nos lleva del horror a la risa, de la pena más profunda a la hilaridad más superficial.

En esta oscuridad tan absoluta, aparece como una revelación la brillante y elegante Rebecca Saint John, que hará volar en pedazos el muro de contención que rodea a nuestra protagonista. Ella será la chispa que termine con la vieja Eileen y de paso a una nueva mujer, a una nueva existencia. De hecho, dejará de envolvernos en sus miserias y proyectará su vida en su incipiente relación con la increíble Rebecca.

En un bucle helado y horrible, la autora modela un final sorprendente, que rezuma dolor y perdón a partes iguales.
Terrible pero franca, Eileen abrirá por fin las puertas a una vía de escape, pero nada se producirá como ella había soñado…y nos dejará sumidos en una mezcla extraña.
Como diría aquel ¿negra?, negra no, lo siguiente.

Baruc en el rio, Rubén Abella

Bueno, pues sí pero no. Rubén Abella en esta -si llevo bien la cuenta- su tercera novela, nos presenta una bonita historia muy, pero que muy bien contada: uno de los chicos -el más pequeño-, recrea 30 años después lo que pasó esa plomiza tarde de agosto en la vida de su hermano Baruc, su compañero de juegos, el indispensable e increíble hermano mayor…y lo que ese suceso supuso para los miembros de la familia y los vecinos y amigos del barrio.

De su voz asistiremos al devenir de los hechos, marcados por la aparición de Tigre, el perro vagabundo.
A veces un suceso menor hace las funciones de una cerilla en un matorral. Esta vez será el perro el que inicie el incendio y reviente la más o menos apacible existencia de Baruc y su familia.
El “incendio” servirá al joven narrador para introducir en la acción a los familiares, vecinos y demás fauna del barrio -Padre y Madre, el tío Sócrates y su famosa partida con Bobby Fischer, el Ogro, los refranes de la abuela Milagros, ..- y las vidas de cada uno de ellos, el por qué de quiénes son ahora, quiénes fueron y qué deseaban ser.
Los personajes están increíblemente bien dibujados y aportan sus propias y magníficas historias.Tanto es así que componen pequeños relatos dentro de la propia narración.

El escenario tiene también su miga: es La Isla, una zona del río cercano donde los chavales ríen, juegan, pescan o lo intentan, donde miden sus fuerzas y su valentía, donde sueñan que son hombres.
Mientras, los adultos se mueven en una vida de “verdad”, luchando o no por sacar la familia adelante, trabajando, batiéndose el cobre por sobrevivir o dejando que todo siga su ritmo sin intentar variarlo.

Yo no destripo. No os contaré qué sucedió exactamente. No pasaré cuenta de lo que supuso para cada uno de ellos. Pero sí que os recomendaré que dediquéis un rato a esta novela ágil pero compleja, con muchas lecturas y aristas, y en la que uno no puede dejar de verse reflejado. Una vez que asomas la nariz al universo de Baruc ya no hay marcha atrás.

Informe contra mí mismo, Eliseo Alberto

El Informe contra mí mismo (1997), fue mucho más que un encendido recorrido por los años de juventud y militancia política, por los tiempos en que otro mundo parecía posible y estaba en manos de esa generación. Supuso mucho más, porque narra como esos protagonistas ingenuos las más de las veces, pagados de sí mismos otras, combatientes en una lucha hacia una sociedad más justa…fueron también testigos de una deriva, una deriva que condujo al final de ese “mundo feliz” y el inicio de cientos, de miles de rupturas, por mor de seguir o no las directrices del partido, de hacer o no propias las consignas del momento…

Eliseo Alberto proviene de una familia burguesa de intelectuales (Eliseo Diego, los Vitier..) que, aunque decidió no salir del país cuando llegaron los barbudos, siempre tuvo una visión ciertamente distante de los nuevos tiempos. Es por ello que muchos ven en su postura el fruto del ambiente en el que se educó.
Sin embargo ello no obsta para que Eliseo Alberto tome la voz de aquellos que, como él, integraron las filas de los fieles a la revolución hasta que, el día en que le pidieron hiciera un “informe” sobre su familia, amistades y demás.. cayó en la cuenta de que aquello no era, que no debía ser, que no tocaba.

Es libro de lectura amena, aunque a veces sus localismos o referencias constantes a intelectuales, políticos y personajes habaneros, compliquen su compresión.
Sea como fuere, una inmersión en lo cubano desde la premisa que hay más que une que que separa entre los mundos de la isla, el exilio y el “insilio” (exilio interior).
Que el problema no fue la revolución en sí, sino la deriva hacia un sistema que no permitía el “no” bajo ningún concepto.
Para Alberto, no es la caída del muro, ni la actitud cada vez más cerril de los EEUU, las que provocan el colapso, es la incapacidad del propio sistema de resistir ante ese “no” interior, no por silenciado menos importante.

Así que, junto a las biografías de Fidel Castro que “toca” leer, no estaría mal echar una ojeada al Informe contra mí mismo de Eliseo Alberto. ¡Súmate!

La mujer de la libreta roja

Antoine Laurain

La magia del escritor -con toda la eficacia que cabe esperar de una quinta novela- hará el resto: seguiremos las pistas de ambos a una velocidad suave, etérea, con pinceladas de suspense.
¿Saldrá Laure del coma? ¿Conseguirá la policía atrapar al agresor?¿Qué intenciones tiene Laurent? ¿Buscará a Laure? ¿Cómo vivirá el entorno de ésta la presencia de Laurent?¿Y Putin?¿Y Belphegor?…

Con el pasar de las páginas -facilísimas de leer sus 157- nos introduciremos en las mentes de ambos, en sus vidas, en sus recuerdos…de una forma deliciosa. Sin sensiblerías, pero trufada de detalles íntimos, mínimos, e incluso literarios –Patrick Modiano  en el papel de Watson en un momento dado- .
Un devenir delicioso apuntalado en la libreta roja de Laure, que esta presente aún cuando no está.
Un curioso y sutil rompecabezas en el que todo acaba encajando…para mayor satisfacción del lector. Ideal para una tarde fría de invierno, de esas novelas que uno no quiere dejar hasta saber el final, y una vez que lo sabe se arrepiente de no haber leído más despacio…

Ricardo Martin argazkilari eta ikuslea, fotógrafo y espectador

Ricardo Martin argazkilari eta ikuslea, fotógrafo y espectadorRicardo Martín: argazkilari eta ikuslea: erakusketa, 2016ko azaroaren 4tik 2017ko urtarrilaren 22ra, Kubo-Kutxa = fotógrafo y espectador: exposición, del 4 de noviembre de 2016 al 22 de enero de 2017 / comisario Juantxo Egaña.
Kutxa Fundazioa, 2016. 285 páginas. 30 €. ISBN 9788471735874

El catálogo de la exposición de fotografías de Ricardo Martín es un fantástico viaje a las dos décadas precedentes a la guerra civil, dos décadas que rebosan de vitalidad, de acontecimientos, de la llegada de otras gentes y otros inventos… unos tiempos repletos de luz, como la eléctrica de que gozaba el estudio de nuestro fotógrafo.

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El misterio de las cabras y las ovejas

Joanna Cannon

Joanna Cannon construye una novela tan simple como compleja: partiendo de la desaparición de una mujer en La Avenida, un barrio residencial de la Inglaterra de los 70, elabora toda una galería de personajes con una trastienda importante.
¿Huida?¿Asesinato?¿Secuestro? Todos en la Avenida tienen razones para temer que Margaret Creasy tenga la intención de abrir la caja de Pandora y descubrir sus secretos… todos tienen pues razones para matarla.

Pero no hay misterio sin detectives, y las adolescentes Grace y Tilly se pondrán como tarea ese verano ardiente, averiguar qué paso con la señora Creasy y a qué se debe el nerviosismo creciente de los habitantes de su barriada.
A través de las andanzas de estas pequeñas sabuesas la autora se marcará otro tanto: llevarnos de paseo por aquellos años en que un israelí doblaba cucharas en televisión, unos suecos vestidos de manera extravagante ganaban el Festival de Eurovisión y los suelos eran de linoleo y los vasos de duralex.

Una novela en que pasa de todo en dos planos temporales: 1967 el año en que “ocurrió aquello” y 1976 el año en que Margaret Creasy se fue porque necesitaba “aclarar las cosas”.
Lo tiene todo para gustar, y gusta.